Sobre valorar y demás quimeras

Sobre valorar y demás quimeras

Sobrevaloramos muchas cosas, infravaloramos muchas otras pero pocas veces obtenemos un equilibrio entre ambas. Sobrevaloramos a los estúpidos, a los necios, a los superficiales, a los creídos, a los parásitos, a los idiotas, a los impresentables, a los que nos menosprecian con su indiferencia. Infravaloramos a los que nos aman, nos quieren, están a nuestro lado, nos cuidan, nos acarician, a los que están a nuestro lado cuando realmente nos hace falta. Desde pequeños aprendemos a no valorar algunas cosas, nuestros hijos no lo hacen, nunca lo harán, no se plantean si lo que tienen es fruto del esfuerzo o del sacrificio, es un hecho y como tal no es discutible ni admirable. Nosotros tampoco valoramos a nuestros hijos, los utilizamos, intentamos que sean como nosotros queremos que sean y no como realmente son, les transmitimos nuestras frustaciones y nuestras neuras.  Si realmente el equilibro es la clave nos convertimos en funambulistas de emociones desequilibradas e intentamos sobrevivir cuando realmente infravivimos juzgándolo todo, valorando cada cosa que pasa delante de nosotros en vez de sentirla, y así nos va.